Vicentón
L32.367
El último lobo de las Sierras de Segura y Cazorla
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- novedad
Olayo, un joven que vive en las sierras jienenses en la década de 1920 establece un vínculo especial con Vicentón, uno de los últimos lobos de la zona. Es el argumento central de una novela cuya gran virtud es recrear la vida rural, la relación entre las personas y la fauna y la progresiva desaparición del emblemático cánido de esas montañas. Estas páginas son el testimonio de un mundo que el paso del tiempo borró, pero que merece la pena recordar.
Editorial: Jose A. Pineda
ISBN: 9788409865581
Año: 15-06-2026
Edición: 1
Páginas: 278
Tamaño: 15 x 23 cm
Encuadernación: Tapa blanda o bolsillo
Idioma: Castellano
Disponible
Un territorio en el que aún los pegueros sudaban en los hornos de pez y donde retumbaba el eco de los golpes secos de los hacheros; un sonido capaz de guiar al arriero o al recovero cuando volcaban por el collado con sus bestias cargadas de mercancías traídas de más allá de sus montañas. En las posadas, las venteras alimentaban el fuego para que el puchero no faltara al caminante hambriento y, en las entrañas del monte, los caleros y esencieros hacían lo propio vigilando sus caleras y alambiques como si les fuera la vida en ello.
Olayo dio sus temerosos primeros pasos en aquellas cumbres cuando los lobos daban sus postreras bocanadas de vida; unos años en los que su rastro empezaba a borrarse en los barrancos y las impenetrables malezas. Creció en una lucha sin descanso por salir adelante con su familia: la pelea con la aspereza del monte y el aguante ante los abusos de los que más tenían. En ese desamparo, terminó tejiendo una insólita relación con uno de esos recónditos supervivientes —acaso el último.
Un lobo escurridizo y solitario, que arrastraba por los calares y riscos el mismo empeño por sobrevivir que el propio muchacho. Una lucha interna en la que su instinto de pastor chocaba con una extraña e irremediable atracción por la alimaña. Un conflicto marcado a fuego entre el deber de proteger al rebaño y el respeto sagrado por el viejo rey de la sierra. Olayo se convertiría en testigo mudo de su extinción y, sin saberlo, del principio del fin de su propia forma de vida.







